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Urge revisar nuestro sistema

Recibimos quejas de familias acogedoras que se sienten maltratadas por la Administración, de familias biológicas que se ven privadas de sus hijos. De menores injustamente ingresados en un centro… y un largo etcétera. Las denuncias llegan desde sindicatos, entidades, expertos, incluso en el Parlamento.

El artículo que se adjunta habla de los problemas  a los que se enfrentan familias que han adoptado: “falta de información, opacidad, han de vivir un calvario…”

¿Qué más ha de pasar para que alguien se decida a abordar en serio la reforma del sistema de protección de la infancia y adolescencia?

La soledad de la Adopción

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La DGAIA y el ICAA no cumplen una sentencia

Dos hermanos menores de edad: ella escapada del Centro que tiene su guarda, él queriendo volver también con su madre. Una sentencia judicial contundente y clarísima que ordena la devolución de estos dos menores con su madre preadoptiva. Pero la DGAIA  y el ICAA, entidades que en Catalunya son responsables de la protección de menores, se niegan a cumplir la sentencia. La excusa: se puede recurrir.

 

Hay que revisar profundamente los procedimientos en que se basa la entrega en adopción de un niño

Interesante artículo que plantea la necesaria revisión de un sistema de protección de menores que es perverso, publicado por Esther y Silvia Giménez-Salinas en El Periódico. Acceder aquí al original

Estos días hemos asistido atónitos a la impactante historia de un niño de 4 años que, como en el juicio de Salomón, unos padres adoptivos y una madre biológica se disputaban en un procedimiento que se ha calificado de «aberración jurídica». Sí, ya sabemos que los niños tienen derecho a una infancia feliz, a unos padres sonrientes, a una casa sin gritos, a un cuarto ordenado, a una escuela cercana, a una alimentación sana… Solo que estas condiciones las pueden ofrecer con mucha mayor facilidad unos padres que tienen recursos (no solo económicos) que un sector de la población en el que las desigualdades han hecho mella y donde el primer maltrato ha sido su propia infancia.

Por supuesto que impacta mucho la idea de un niño que lleva tres años viviendo feliz y bien atendido en una familia preadoptiva y del cual, de repente, un fallo judicial decide que ha de ir con su madre, de 19 años, a quien no conoce y a quien además privaron de todo contacto con él en la infancia. Pero también impacta escuchar a la madre cuando dice: «No me quitaron a mi hijo por llevar una mala vida, sino porque yo era una niña custodiada, que vivía en un centro de acogida».

EL DEDO EN LA LLAGA

Este caso concreto -como suele pasar- ha puesto el dedo en la llaga en un sistema de servicios sociales que con el tiempo se ha erigido como el más capacitado para decidir sobre el interés del menor. Según algunos, perversidades como la que nos ocupa se sitúan en la justicia, cuando en realidad hay que atribuirlas al modelo diseñado.

En principio, los técnicos de la Administración deciden y evalúan qué es lo mejor para los niños, pero no están sujetos a ningún control judicial. El llamado supremo interés del menor avala sus decisiones. Pero solo hace falta leer -al menos en este caso- la carta de la madre para entender que los servicios de protección decidieron que su vida mejoraría internándola en un centro y culpabilizaron a su vez a su madre por no educarla conforme a los parámetros de la sociedad en la que vivía.

Sin duda, la primera conclusión es que hay que intentar tratar a los niños en sus propias familias, aunque sea mucho más difícil. Hay que dotar a los padres del soporte y la ayuda necesarios para afrontar las crisis y ayudarles económicamente para que puedan ocuparse de sus hijos. En caso contrario, la pobreza y la marginación actúan siempre como detonantes y criminalizamos la miseria acusando a los progenitores de ser malos padres.

PROTECCIÓN DEL MENOR

La segunda cuestión se centra en que la función de los técnicos de la Administración es proponer aquellas medidas que crean más adecuadas para proteger a un menor, especialmente si este está en una situación de riesgo o desamparo. Pero esta intervención, precisamente por lo delicada y difícil que es, necesita unos límites. Sobre el papel, la respuesta parece clara: los técnicos informan sobre lo que creen mejor para los menores, pero la Administración está obligada a respetar, con las mismas garantías que en los procesos judiciales, su decisión y esta debería ser avalada por los tribunales. Esta sería una protección coordinada de la infancia.

En el caso que nos ocupa, si un tribunal ha decidido retornar a un hijo a su madre biológica, pese al dolor inmenso que puede suponer apartarlo de las personas que han creído durante años ser sus padres, probablementemuy graves debieron ser también los defectos del procedimiento.

Un juez que vela por el interés del menor, lógicamente es consciente de lo sucedido aunque no sea un especialista en infancia, pero un proceso sin garantías y sin pruebas no puede ser confirmado. Por duro que sea, el paso del tiempo no puede consolidar la vulneración de los derechos de los niños y sus padres. Ninguno de nosotros lo permitiría.

PERVERSIDAD DEL SISTEMA

No tiene sentido discutir sobre el dolor de los padres: ¿qué dolor es mayor, el de la madre biológica, que ha luchado desde el inicio por recuperar a su hijo, o el de los padres adoptivos, a los que tras serles entregado un niño con garantías de adopción se lo retiran a los tres años? Ahí está la perversidad del sistema. No se puede dar un niño en acogida con carácter preadoptivo si la madre recurre constantemente y trata de recuperar a su hijo, como no se puede tampoco pretender que mantenga una vinculación si solo se le permite visitarlo una hora al mes. Pero tampoco debe entregarse un niño a una familia ajena sin advertirla de los procedimientos de impugnación de la madre y sin que conozca con exactitud la situación jurídica.

Desconocemos las razones exactas por las cuales se ha retornado este niño a su madre, pero desgraciadamente también conocemos otros casos en los que ha sido a la inversa, que en aras del interés del menor y especialmente por el paso del tiempo se han consolidado graves vulneraciones de derechos. No hay varitas mágicas, sabemos de la complejidad del tema, pero precisamente por eso creemos que es tiempo de una revisión profunda de los procedimientos.

El menor siempre es lo más importante

Estos días está saliendo en los medios el caso de una familia acogedora preadoptiva, en Valencia, que se ha visto obligada a devolver al que era su hijo a la madre biológica, con cuatro años de edad. Numerosos medios de comunicación se han puesto en contacto con Aprodeme para saber nuestra opinión. Así lo hemos hecho y también a través de las redes con muchos comentarios al respecto.

Esta situación tan difícil de resolver ahora se produce porque tenemos un sistema de protección que falla estrepitosamente. Es necesario reformarlo urgentemente para que esto no vuelva a ocurrir nunca más.

Transcribo aquí uno de los cientos de comentarios al respecto, hecho por Ceneta Pi, porque resume perfectamente lo que pensamos:

“Aquí hay 3 víctimas. El niño, en primer lugar, y los padres y toda su familia acogedores engañados por la Administración, la madre biológica y toda su familia que ha sido menospreciada y ninguneada por la Administración. El debate está abierto, porque la familia de acogida ha puesto el tema en el candelero mediático. El abogado de la familia acogedora tiene que hacer su trabajo, se llame Vila o se llame Perico de los Palotes. Hay dos posiciones encontradas y hay dos dolores. No me atrevería yo a medirlos, cual de los dos es más dolor? Ni idea! Tienen que ser los dos dolores insoportables! El de la madre biológica a quien menospreciaron y le arrebataron a SU HIJO y el de los padres acogedores a quién engañaron e hicieron creer que nadie podía cambiar la situación, que SU HIJO se quedaría con ellos para siempre. El problema es que ambas partes creen que el niño es SU HIJO. Y ambas partes creen que con ellos el niño estaría mejor. No me hubiese gustado nada estar en la piel de los jueces de la Audiencia. Y por qué llegamos al escaque que opone intereses? Por qué ese niño no tenía contacto alguno con su madre biológica? Por qué esta madre jovencísima no fue ayudada por sus tutores a tirar adelante su maternidad? Por qué en el centro donde estaba no se dieron cuenta de su gestación hasta que estaba de 7 meses? La respuesta está clara, el sistema de protección de menores no tiene alma y está plagado de prejuicios. Los técnicos de este sistema están encumbrados a los altares por los políticos de turno. El corporativismo de los técnicos es directamente proporcional al absolutismo de los políticos de turno. El menosprecio por las garantías jurídicas durante la instrucción de los expedientes de desamparo, flagrantes! No estaríamos ante este conflicto de intereses si los técnicos hubieran hecho bien su trabajo. El niño hubiera seguido en contacto con la madre, la familia acogedora sabría que el acogimiento es un servicio temporal y, finalmente, el hecho que el niño volviera con su familia biológica, no hubiese sido un drama para nadie. Al contrario!”

 

Los silencios se tienen que romper ¿Cómo asimilan los niños adoptados la información sobre su origen?

“No revelar el origen del niño adoptado produce efectos perjudiciales en la persona y genera desconfianza e inseguridad entre padres e hijos. La edad ideal para comunicar a nuestro hijo que es adoptado es en los primeros años de vida.”

En relación a un caso real se comenta: “La relación con sus padres siguió dentro de los cauces de la normalidad. Supo que ellos querían hablar con ella mucho antes, pero fueron pasando los años y no fueron capaces. “Mis padres lo han hecho todo bien, solo una cosa que no han hecho ni siquiera mal, que es hablar. Esto es por miedo, por precaución, llámalo como quieras. Las cosas, al final, se tienen que resolver y los silencios, sean conscientes o inconscientes, sean secretos o por simple omisión, se tienen que romper”

Extraído de un artículo de María Abalo Gandía. Ver completo aquí

 

Adopción y patología

La psicóloga Elisabeth Ballús advertía recientemente, en un artículo publicado en La Vanguardia, sobre la vulnerabilidad de los niños adoptados y las consecuencias de hacer las cosas mal.

Dice: “.. se siguen haciendo las cosas mal… sin considerar la historia previa de estos niños…”

Las actuaciones de los técnicos de la Administración tampoco se entienden desde un punto de vista estrictamente técnico…

Ver el artículo aquí:  Adopcion y patologia