Allí son las madres de mayo, aquí los padres de los viernes. Estamos empezando a dejar de ser casos aislados para unirnos en la denuncia, porque sufrimos las mismas injusticias de un sistema de menores que necesita un cambio profundo, más allá de las buenas palabras de sus responsables.

Los padres de los viernes. Una asociación de personas a las que la Administración ha retirado los hijos protesta semanalmente ante la DGAIA por juzgarlo injusto
Por cuarta vez desde hace un mes, un grupo de personas pasaron ayer unas horas protestando frente a la sede de la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA). Son miembros de Aprodeme, Asociación para la Defensa del Menor, personas a las que la Generalitat ha retirado hijos por considerar que no estaban bien atendidos, que estaban en peligro. Lo primero a lo que se enfrentan es al razonamiento de todo interlocutor de que algo habrá pasado para que la Administración haya tomado una decisión tan drástica. Este diario no tiene pruebas de que los padres que se concentran cada viernes tengan razón, pero sí tienen una historia. Su versión. Y quieren contarla.
Aprodeme fue fundada por Francesc Cárdenas, 52 años, que hasta el 2009 tenía una niña de tres años y medio en preadopción. Entre los cinco aquí expuestos, es el único caso que afecta a un descendiente no biológico. Cárdenas y su esposa tuvieron a la niña desde los seis meses de edad. Con el tiempo se separaron y los cambios fueron los de cualquier familia que vive este trance. La menor se quedó con la madre y él, dice, la visitaba a diario. Periódicamente, él y su exmujer visitaban con la niña la oficina del Institut Català d’Acollida i Adopció. Comprobación de que todo iba bien.
Una visita inolvidable Un viernes, en marzo del 2009, la vida cambió. La niña fue llevada a otra habitación y a Cárdenas y a su expareja les dijeron que no la verían nunca más, que existían factores de riesgo que así lo aconsejaban. No pudieron ni llevarle ropa, no fue nunca más al colegio al que iba a ir ese viernes. Se la quedó otra familia. El hasta entonces padre -si bien al no cerrarse la adopción, la tutela seguía en manos de la Admnistración- estalló, pero no pudo hacer nada. Ha perdido ya tres juicios y le queda el Tribunal Constitucional. Sabe que ahora quizá es demasiado tarde, aunque no para todo: «La niña tiene seis años, recuperarla ahora quizá no sería lo mejor para ella. Pero pido que al menos me la dejen ver, como si fuera su tío». Seguir leyendo Unidos en la denuncia contra la DGAIA


